El fin del mundo

Más allá de la cortina de nieve no podía ver nada.  Al darse la vuelta vio al niño, sobre sus propias huellas, observándola fijamente.
– ¿Qué es esa chatarra que llevas en la carreta? -preguntó ella.
– Son mis tesoros, pedazos de las personas y lugares que he conocido. Siempre las llevo conmigo. ¿Por qué tú no tienes nada?
– Lo he dejado todo atrás.
– Si das un paso más estarás un paso demasiado lejos -dijo el niño- Esto es el fin del mundo.
– Pues no puedo volver.
– Entonces me quedaré contigo un rato y cuando me vaya te daré un pedacito de mí para que puedas volver a empezar.