Aquí hay fantasmas

Hay fantasmas, aunque no los veas; los notas, los sientes.

En la vieja casa de tus abuelos, en el patio de juegos de tu niñez, en los recuerdos de lo que dejaste atrás para no volver.

Hay fantasmas, aunque no logres verlos; los sientes, sabes que están ahí acechando.

Pero no habitan en la vieja casa, ni en el patio, ni en los recuerdos; viven dentro de ti, los llevas contigo a donde vas, los liberas sin saberlo en cada suspiro, encantas los lugares por los que pasas con los fantasmas de tu nostalgia.

Retrato de un triunfador

No tenía suficiente corazón para querer tanto,

ni espaldas lo suficientemente anchas para cargar con el peso del hastío.

Su coraje sólo era una sombra proyectada en la pared, pero en realidad cabía todo en un dedal.

Mataba ilusiones con el filo de su sonrisa, afilada con desdén y autocomplaciencia.

Caminaba por el mundo poniendo tiritas a los espejos rojos

y alardeando del oro de su jaula sin ver más allá de sus barrotes.

¿Dónde está mi suerte?

¿Dónde está mi suerte? La busco y no la encuentro.

Escondida, escabulléndose por el rabillo del ojo.

Oculta en las sombras de mi sonrisa.

Escurriéndose por los dedos de la mano.

Huyendo por la senda de mis desvelos.

¿Dónde está mi suerte? La busco y no la veo

en el destello de tu lágrima justo antes de caer.

Instrucciones para romper un corazón

il_570xN.359015079_n1gsExisten distintas formas de romper un corazón, tantas como de arreglarlo. Tome nota:

– Dejar de proporcionarle los cuidados necesarios, a saber, no alimentarlo con emociones y privarlo de luz solar. Se acabará volviendo un corazón raquítico y enfermizo, no apto para personas felices.

– Quitarle de golpe y para siempre algo que ame. La ausencia dejará un hueco en él difícil de rellenar.

– Asestar un golpe fuerte, demoledor, imprevista que lo haga añicos. Barrer bien los pedazos para que no se vuelvan a juntar.

– Infiltrar lentamente y durante mucho tiempo alguna o varias sustancias nocivas (indiferencia, decepción, tristeza, etc.) hasta que el corazón estalle desde dentro, como el agua que durante años penetra en la roca hasta que acaba por hacerla pedazos. Si bien este proceso es el más lento, también es el más efectivo, pues aunque el corazón se consiguiese reparar nunca vuelve a ser el mismo.

AVISO: Nunca rompa un corazón.

Sembrar vientos, cosechar tempestades

Sembré vientos para cosechar tempestades que se llevasen todo lo feo, todo lo malo.

Sólo conseguí brisas cálidas que evaporaron mis lágrimas y formaron nubes en el salón.

De las nubes cayó una lluvia fina, incapaz de limpiar el suelo y mucho menos un corazón.

Pisé con pies descalzos los charcos que se formaron y las huellas dejaron constancia de mi huida hacia la cocina.

Allí guardo soles en un frasco para alargar las tardes de invierno y estrellas en una caja para contarlas las noches sin luna.

Usé los copos de nieve para enfriar mis pensamientos y guardé la última aurora boreal para cuando lo vea todo negro.

¿Cuánto pesa el amor?

Vamos a poner un corazón en una balanza, ¿cuánto pesa el amor?

¿Con qué se equilibran los platos?

Tal vez una bocanada de humo o la pluma de un colibrí.

¿Cuánto pesa el amor?

Cien pétalos de rosas o la luz de mil candelas.

¿Cuánto pesa el amor?

Mil noches en vela o todos los amaneceres.

¿Cuánto pesa el amor?

Un susurro al oído o un reproche a mala hora.

¿Cuánto pesa el amor?

La Luna que nunca bajas o las estrellas que no se alcanzan.

¿Cuánto pesa el amor? ¿Cómo se equilibra la balanza?

Un solo paso en la dirección equivocada

Decidí dar un solo paso en la dirección equivocada y entonces descubrí que a veces para perderte basta con girar al final de la calle, donde nunca has tenido necesidad de ir, que no puedes andar el mismo camino dos veces, tu sola presencia lo altera y que al volver a casa mi reflejo seguía esperándome en el espejo.

“Días para morir en el paraíso”, de Jaime Molina García (reseña)

Como todo lo que rodea a Jaime Molina García genera revuelo, la publicación de su última y séptima novela, de factoría profesional, Días para morir en el paraíso, no fue menos. Luego de la publicación de La Fundación 2.1 y su evidente irrupción en el mercado editorial español, Jaime repite la fórmula que lo ha llevado a convertirse en uno de los escritores con mayores recursos del panorama actual.

Días para morir en el paraíso, aunque de manera más imprecisa, vuelve a escenarios distópicos y futuros inciertos, normalmente carcomidos por la dudosa moral de una especie humana que se empeña en la autodestrucción. Sin embargo, aquí termina toda similitud con su anterior novela, puesto que, si se quiere, Días para morir en el paraíso alcanza una madurez superior, tanto en la historia como en la complejidad temática, una obra de ciencia ficción mucho más definida y elaborada, desde el comienzo, como un thriller oscuro: señal inequívoca que llevan las grandes obras del género.

Días para morir en el paraíso se sitúa en un mundo-futuro contaminado en el que los habitantes deben pagar por el aire, como hoy se paga por el agua, para sobrevivir. Naturalmente, ese mundo de nombre Antagón, está controlado por una corporación que ostenta el monopolio del aire, encarnada por el magnate Volpi, que su muerte ha levantado una tormenta de suspicacias. A partir de allí, la historia va in crescendo y se lee con agilidad y ansiedad.

El agente Vidal —un antihéroe con miserias y bajezas— es reclutado por el poderoso Ministerio de Información con el fin de desentrañar pequeños casos sin importancia, pero la soledad y el aburrimiento lo llevarán por caminos vedados a personas de baja estopa, hasta toparse con un antiguo archivo que le señala una pista que no podrá dejar escapar: posiblemente el multimillonario Volpi siga vivo y esté preparando su próxima jugada. Para localizarlo, Vidal deberá seguir las pistas que dejaron Renian, su predecesor en el cargo y Antera, una ecoactivista que en el pasado fue confidente y amante de Renian.

Como en el viaje de autoconciencia que emprende Ulises, también Vidal descubrirá que todo cuanto creía está construido sobre una mentira y que para conocer la verdad tendrá que estar dispuesto pagar un precio muy alto. Erigida sobre todos los ingredientes que hacen a la ciencia ficción un género fascinante —intriga, imaginación, originalidad, redención—, Días para morir en el paraíso se destaca por su buena factura, una obra para recomendar y guardar a Jaime Molina García en el rincón de autores preferidos.