Retrato de un triunfador

No tenía suficiente corazón para querer tanto,

ni espaldas lo suficientemente anchas para cargar con el peso del hastío.

Su coraje sólo era una sombra proyectada en la pared, pero en realidad cabía todo en un dedal.

Mataba ilusiones con el filo de su sonrisa, afilada con desdén y autocomplaciencia.

Caminaba por el mundo poniendo tiritas a los espejos rojos

y alardeando del oro de su jaula sin ver más allá de sus barrotes.

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