La levedad de los corazones

Cuando los días están en calma, el corazón busca tormentas, chubascos pasajeros que sofoquen el sopor y limpien el polvo de todos los días.

En las noches serenas aprieta los dientes y se guarda los secretos que no te cuenta.

Su levedad se vuela en las tempestades.

 

 

 

Instrucciones para romper un corazón

Existen distintas formas de romper un corazón, tantas como de arreglarlo. Tome nota:

– Dejar de proporcionarle los cuidados necesarios, a saber, no alimentarlo con emociones y privarlo de luz solar. Se acabará volviendo un corazón raquítico y enfermizo, no apto para personas felices.

– Quitarle de golpe y para siempre algo que ame. La ausencia dejará un hueco en él difícil de rellenar.

– Asestar un golpe fuerte, demoledor, imprevista que lo haga añicos. Barrer bien los pedazos para que no se vuelvan a juntar.

– Infiltrar lentamente y durante mucho tiempo alguna o varias sustancias nocivas (indiferencia, decepción, tristeza, etc.) hasta que el corazón estalle desde dentro, como el agua que durante años penetra en la roca hasta que acaba por hacerla pedazos. Si bien este proceso es el más lento, también es el más efectivo, pues aunque el corazón se consiguiese reparar nunca vuelve a ser el mismo.

AVISO: Nunca rompa un corazón.

De corazones y cazadores de tesoros

—Yo no llevo el corazón en la mano, solía tenerlo en un puño, pero ahora ya ni siquiera llevo corazón. Sólo tengo un hueco en el pecho que lleno con varias cosas, a veces humo, café, sarcasmo y canciones. Otras, sueño, indiferencia, ceniza y caramelos. Poemas, chocolate, decepciones y sonrisas.

—¿Qué le pasó a tu corazón?

—Lo guardé hace tiempo para que estuviese siempre a salvo y he olvidado donde lo dejé.

—Me haré buscador de tesoros y lo encontraré.