Ave Fénix

Recuerda que así como el Ave Fénix para renacer de sus cenizas debe arder en un intenso fuego que lo consuma con voracidad, tú debes arder en el fuego de tu pasión. Alimenta la llama de tu corazón, déjalo arder con tanta fuerza que consuma tu cuerpo y evapore tu espíritu y antes de que el viento esparza tus cenizas vuela con alas nuevas que te lleven lejos, dejando sólo tierra quemada atrás.

Ranas en el jardín, pájaros en la cabeza

Iba besando príncipes para convertirlos en ranas que le cantasen en el charco del jardín.

Su jardín que estaba triste porque ya no quedaban luciérnagas, ahora eran luces LED y las mariposas estaban atrapadas en los estómagos de los enamorados.

Iba mirando las nubes porque los pájaros de su cabeza habían alzado el vuelo y no sabía si sabrían volver.

Reencuentro

Una historia de amor.

Vídeo realizado en colaboración con Árido Films. Ana Stone como zombie.

Somos nuestros propios dioses

Conseguimos llegar hasta las estrellas, nos atrevemos a tocar la Luna y aterrizar en un cometa, exploramos planetas.

Creamos seres inteligentes que nos quieren imitar, tal vez nos lleguen a superar.

Jugamos con la muerte, haciéndola ceder cada día un poco más.

Y tú que dices que los dioses no existen, ¿no te das cuenta?

Somos nosotros, nuestros propios dioses, vanidosos, misericordiosos, creadores y destructores, en este Olimpo que sin pudor hemos reclamado.

Pero recuerda, ¿y si Prometeo nos roba el fuego? ¿Y si nuestra creación nos niega?

De corazones y cazadores de tesoros

—Yo no llevo el corazón en la mano, solía tenerlo en un puño, pero ahora ya ni siquiera llevo corazón. Sólo tengo un hueco en el pecho que lleno con varias cosas, a veces humo, café, sarcasmo y canciones. Otras, sueño, indiferencia, ceniza y caramelos. Poemas, chocolate, decepciones y sonrisas.

—¿Qué le pasó a tu corazón?

—Lo guardé hace tiempo para que estuviese siempre a salvo y he olvidado donde lo dejé.

—Me haré buscador de tesoros y lo encontraré.