Sembrar vientos, cosechar tempestades

Sembré vientos para cosechar tempestades que se llevasen todo lo feo, todo lo malo.

Sólo conseguí brisas cálidas que evaporaron mis lágrimas y formaron nubes en el salón.

De las nubes cayó una lluvia fina, incapaz de limpiar el suelo y mucho menos un corazón.

Pisé con pies descalzos los charcos que se formaron y las huellas dejaron constancia de mi huida hacia la cocina.

Allí guardo soles en un frasco para alargar las tardes de invierno y estrellas en una caja para contarlas las noches sin luna.

Usé los copos de nieve para enfriar mis pensamientos y guardé la última aurora boreal para cuando lo vea todo negro.

¿Cuánto pesa el amor?

Vamos a poner un corazón en una balanza, ¿cuánto pesa el amor?

¿Con qué se equilibran los platos?

Tal vez una bocanada de humo o la pluma de un colibrí.

¿Cuánto pesa el amor?

Cien pétalos de rosas o la luz de mil candelas.

¿Cuánto pesa el amor?

Mil noches en vela o todos los amaneceres.

¿Cuánto pesa el amor?

Un susurro al oído o un reproche a mala hora.

¿Cuánto pesa el amor?

La Luna que nunca bajas o las estrellas que no se alcanzan.

¿Cuánto pesa el amor? ¿Cómo se equilibra la balanza?

Un solo paso en la dirección equivocada

Decidí dar un solo paso en la dirección equivocada y entonces descubrí que a veces para perderte basta con girar al final de la calle, donde nunca has tenido necesidad de ir, que no puedes andar el mismo camino dos veces, tu sola presencia lo altera y que al volver a casa mi reflejo seguía esperándome en el espejo.

No busques mi amor

No busques mi amor a pleno día, sino en la luz que persiste en el horizonte cuando llega la noche.

No busques mi amor al calor del sol, sino en el rescoldo de las brasas.

No busques mi amor en el solsticio de verano, sino en los días de invierno que se esconden en la primavera.

No busques mi amor en la mañana despejada, sino en las horas claras de la noche justo antes de la oscuridad que precede al amanecer.

No busques mi amor en plena euforia, sino en las lágrimas de felicidad que esconden alguna tristeza.

No busques mi amor a la vista de todos, pues se esconde en las sombras de los pequeños detalles, esperando para salvarnos cuando no nos quede nada más.

Ranas en el jardín, pájaros en la cabeza

Iba besando príncipes para convertirlos en ranas que le cantasen en el charco del jardín.

Su jardín que estaba triste porque ya no quedaban luciérnagas, ahora eran luces LED y las mariposas estaban atrapadas en los estómagos de los enamorados.

Iba mirando las nubes porque los pájaros de su cabeza habían alzado el vuelo y no sabía si sabrían volver.

De corazones y cazadores de tesoros

—Yo no llevo el corazón en la mano, solía tenerlo en un puño, pero ahora ya ni siquiera llevo corazón. Sólo tengo un hueco en el pecho que lleno con varias cosas, a veces humo, café, sarcasmo y canciones. Otras, sueño, indiferencia, ceniza y caramelos. Poemas, chocolate, decepciones y sonrisas.

—¿Qué le pasó a tu corazón?

—Lo guardé hace tiempo para que estuviese siempre a salvo y he olvidado donde lo dejé.

—Me haré buscador de tesoros y lo encontraré.